Comentario sobre “Carlos V, Rey y Emperador” de Pedro Conrado (estudiante U. Nacional de Colombia)

  1. Cortés. Es un héroe en la serie. Aunque se le muestra muy ambicioso (pues su principal objetivo es, desde el principio, lograr que Moctezuma se declare vasallo de Castilla), vemos que el trato general con los nativos es exhibido como más bien amable (su tenaz oposición a torturar a Cuauhtémoc al final no puede menos que considerarse magnánima) y que el arresto del Huey Tlatoani se dio en unas circunstancias que claramente justifican a los invasores: el ignominioso asesinato de cuatro españoles. Por esta causa el monarca debía responder y demostrar inocencia para así quedar libre, además de hacer lo propio con su proferida subordinación a España. En otras palabras, el encarcelamiento se aplicó como una medida de justicia. Los mexicas no cumplieron con su palabra.

Y no solo eso, ¡Cortés intenta heroicamente salvar a Moctezuma de los que lo rodean y apedrean!, y luego, ya agonizando el soberano, le jura que hará todo lo que esté a su alcance para restablecer la paz, que sus hombres serán suyos… Le faltó nada más decirle “mi cuate” (¿o ‘mi cuatl’?), ¡qué grandes amigos!, ¡qué noble corazón el de Cortés, que le hará al Tlatoani el póstumo favor de reprimir a sus súbditos!

  1. Moctezuma. La primera toma que tenemos del emperador es la de la obsesión con… ¡La profecía! ¡Quetzalcóatl!, quien ha regresado de Oriente acompañado de hombres blancos, barbados y cubiertos de metal. Esto no puede ser más cliché: los nativos ven nublado su uso de razón por sus creencias míticas y legendarias ante un intruso audaz y sagaz (¿Todorov, andas por aquí?). Moctezuma actúa con muchos titubeos y hasta contradictoriamente porque no quiere ofender a un dios, pero tampoco quiere abandonar la defensa de su pueblo. Su hombre de confianza (Cuauhtémoc) se esfuerza por convencerlo de que aquéllos son mortales y de que debe enfrentarlos, pero él no hace caso… bla, bla, bla: el cuento que todos conocemos.

Por otro lado, esperaba un Moctezuma más solemne y orgulloso, más altivo. El que nos muestran aquí es quizás demasiado dócil, demasiado amable… ¡su trato con Cortés es tan personal que incluso le ofrece su compañía para fumar! ¡Por Dios, es el mismo Tlatoani, al que nadie podía mirar a los ojos, ni siquiera acercarse!

  1. ¿Y dónde están los aliados? Ya han mencionado este punto anteriormente, pero igual lo recalco: ¿dónde está Tlaxcala y los como 3.000 guerreros (o muchos más) que aportaron a esa exangüe compañía de no más de 400? ¿Dónde está la creación de alianzas locales con las regiones que se resolvieron a sublevarse contra la Triple Alianza, como la de los Totonaca? Solo un pequeño atisbo: la conversación entre la Malinche y Cortés en la que ella le advierte que no podrán ganar solos, que deben aprovechar los ánimos soliviantados de las comarcas sometidas. Desafortunadamente se perdió la oportunidad. Ese comentario hubiera sido el perfecto antecedente de la serie de alianzas que entabló Cortés con los adversarios de los mexicas. Era una buena estrategia fílmica que se desperdició.
  2. Las lenguas. En primer lugar, lamenté que en el episodio siguiente al encuentro en Tenochtitlán (por pereza) se hiciera hablar español a los nativos. Disfruté escuchar lo que no sé si sería una auténtica réplica del náhuatl, pero que constituía por lo menos un intento de serla (por ahí, de hecho, escuché un par de veces la palabra ‘tlatoani’). Por otro lado, es un error pensar que la lengua hablada en Tenochtitlán era la misma que se hablaba en Tabasco o en el sitio donde se fundó Veracruz. Jerónimo de Aguilar (¿milagrosamente?) no solo puede entender las lenguas mayas de la costa de Yucatán, ¡sino también a los emisarios del Tlatoani!, pese a que él anduvo fue con los primeros.
  3. ¿Dónde está la ‘noche triste’, esa noche en la que Cortés y sus hombres apenas lograron salir con vida de una Tenochtitlan que en arrebato de ira casi los aniquila por completo? Solo algunos hombres mugrientos y extenuados ‘escapando’ muy tranquilamente, en una salida poco menos que honrosa. ¿Dónde está la persecución, el pavor que despierta sentir que el enemigo le pisa a uno los talones, el palpitante temor de perder la vida por la cercanía del cruel adversario?, ¿dónde están las multitudes de guerreros que dan caza sin descanso a los fugitivos? Todo esto sin mencionar que está completamente pasada por alto la contribución de los de Tlaxcala en la recuperación de Cortés y la posterior toma de la ciudad, a su vez vagamente cifrada en la relación que le envía éste a Carlos V y en la postrera imagen del ingreso victorioso de los conquistadores en medio de la ciudad en llamas.

 

  1. ¿Y qué hay de la representación del ejército mexica? A los españoles nos los muestran con sus corazas, morriones, jubones, espadas, rodelas y demás prendas que en mayor o menor medida pueden considerarse precisas (pese a que no debe olvidarse que las tropas castellanas en las Indias no eran los tercios de Italia o de Flandes, de manera que el armamento no debe exagerarse), pero la ilustración de los guerreros mexicas es francamente pobre. ¿Dónde están los guerreros jaguar y los nobles guerreros águila? No se ve nada de eso por ninguna parte.

En general puedo decir que la serie, en efecto, reproduce muchos de los estereotipos y clichés que aun hoy son extendidos, y que representa de manera bastante pobre el mundo que encuentran Cortés y sus hombres en Mesoamérica. Algo de eso se debe al bajo presupuesto, que dificulta desplegar y exhibir exteriores que valgan la pena, pero eso no los dispensa del error y desacierto de pasar por alto todo lo que se ha avanzado en el conocimiento de los problemas de la conquista de México y por reproducir todos los lugares comunes que se han difundido a raíz de las mismas cartas de Cortés.

Por último, también debe mencionarse que varios de estos defectos se deben al profundo énfasis político de la serie, característica que viene de la de “Isabel”. La trama principal se desarrolla en escenarios cortesanos europeos, pues finalmente era ahí donde la “política” se desenvolvía, junto a los campos de batalla. Desafortunadamente en la serie la conquista acaba siendo más bien un dato accesorio, como de hecho lo era para Carlos V, quien en efecto estaba más preocupado por lo que pasara en la Dieta de Worms que por lo que sucediera en Tenochtitlán. Quizás por ese peso europeo de la serie pusieron tan poco empeño en documentarse bien sobre la aventura indiana y se dejaron llevar por los clichés y lugares comunes que abundan sobre ésta, y eso es bastante lamentable.

Pedro Conrado

Estudiante, Universidad Nacional de Colombia.

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5 respuestas a Comentario sobre “Carlos V, Rey y Emperador” de Pedro Conrado (estudiante U. Nacional de Colombia)

  1. Robert H. Jackson dijo:

    No he visto el programa de Carlos V, pero supongo que es algo parecido al series sobre Isabella. Nunca he visto un drama de este tipo q1ue este fiel a la historia porque tiene que vender su producto a su auditorio. Prefiero debatir otros temas, como la realidad de la conquista espiritual, las consequencias demograficas del contacto sostenido entre el viejo y nuevo mundo, etc.

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    • Jesús Córdoba dijo:

      Yo personalmente recomendaría Isabel. Cada temporada fue mejor a la anterior. Siempre hubo un respeto por el rigor histórico y las licencias fueron más bien pocas y en momentos o episodios en los que la especulación, no ha dado lugar a hipótesis bien consistentes. Además los actores hicieron un excelente trabajo: Manejo del lenguaje, manejo del vestuario, etc. El caso de Carlos ya varía un poco, aunque en ésta última se ve el esfuerzo por ambientar la época, por lo menos en los platós que corresponden a las cortes europeas.

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      • Pedro Conrado dijo:

        Isabel es buena y también la recomiendo, especialmente la primera y tercera temporadas. Sin embargo, quizás una crítica que le lanzo (y que aplica también para Carlos) es que el excesivo énfasis ‘político’ impide explorar aspectos interesantes de lo que podríamos llamar el cine ‘etnohistórico’. Series como ‘Rome’ lo hicieron con éxito al exhibir elementos tanto materiales como conductuales y, en general, de los imaginarios de la sociedad romana del siglo I a. C.; no solo la ‘cultura material’. En “Isabel” y “Carlos…” eso no se logra, porque no es la intención en primera instancia. Aunque se nos muestren mucho las cortes europeas (con todo el rigor en trajes y ambientación de espacios), no tenemos un verdadero acercamiento a la cultura cortesana de los siglos XV y XVI. Estas no solo eran ‘política’ (como entendemos hoy el término), porque la ‘política’ para esas casas reinantes iba más allá de discusiones sobre guerras, reuniones con consejos y envío de emisarios: eran banquetes, música, justas y muchos otros tipos de actividades. De hecho en ambas series la música está casi completamente ausente. Y además, la vida en las cortes no solo giraba en torno a la ‘política’; la diversión en los castillos y palacios es prácticamente inexistente en ambas producciones.

        A estas razones se debe, entre otras cosas, lo que señalaba el profesor Gomáriz sobre el hecho de que no se ve al Renacimiento como ‘época’. Se podría ver si ambas series hubiesen tenido un mayor toque ‘etnohistórico’, pero al no tenerlo personajes como Erasmo y Da Vinci acaban siendo más bien un tanto accesorios o decorativos; incluso el mismo Lutero. En el caso de “Isabel”, es por eso que no vimos a Antonio de Nebrija, aunque reconozco que el trabajo que se hizo con Cisneros, Talavera y Colón no fue malo. Sin embargo, en estos tres ejemplos dichos personajes acabaron supeditándose más bien a aspectos ‘políticos’.

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  2. Lucrecia Solano dijo:

    Es de lo mas acertado que he leído del blog. El asunto es: desde dónde estás escribiendo? es una continuación de Isabel? Es la historia desde las cortes españolas? eso es, nada mas. Lo demás, sobra explicar. Thomas Huges y compañía. La historiografía contemporánea no está contemplada porque no surge de España, sino de América Latina y aún, desde Estados Unidos. Saludos,

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  3. Jorge Gamboa dijo:

    Me parece acertado lo que señala la profesora Solano, en el sentido de que un caso como este muestra que hay una gran distancia entre la historiografía española y la que se está produciendo en otros países europeos y americanos. También concuerdo en que este debate debe dirigirse hacia aspectos más allá del caso coyuntural de una serie de televisión. Por ejemplo, la forma en que llega al gran público el conocimiento que se produce en las academias. Ha habido un poco de descuido por parte nuestra en la divulgación de nuestros trabajos. Por otra parte, son aún muchos los especialistas que comparten interpretaciones historiográficas aparentemente ya superadas, pero que reaparecen periódicamente. ¿Cuáles son las condiciones que permiten que esto suceda?

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