“Sobre la enseñanza de la Conquista en la escuela mexicana” por Verenice Ramírez

En México tenemos problemas semejantes respecto a la enseñanza de la historia. Hace algunas semanas escuché a una profesora de secundaria decir a sus alumnos que iban a estudiar la “época medieval en México”. Esa frase me detonó cualquier clase y cantidad de interrogantes, empezando por las puramente teóricas hasta las relacionadas con la formación académica de la profesora en cuestión. Cuando los alumnos llegan al nivel de licenciatura, incluso en ciencias sociales y humanidades, se suelen encontrar percepciones o imágenes semejantes al respecto del pasado, no sólo de la conquista sino también de los siglos siguientes. He recogido algunos comentarios de mis alumnos al respecto. En su opinión la conquista y luego el periodo virreinal implicó: pérdida de la identidad indígena, adopción forzada (en términos de violencia física) de la religión católica cristiana, imposibilidad de los indígenas de acceder a la tierra, retroceso cultural, esclavitud, las figuras de la Malinche y Cortés son vistos como un trauma nacional aunque necesario para generar una “raza” mestiza, y lo que más llama la atención de sus comentarios al respecto de dicho proceso es que a partir de la conquista México perdió el esplendor alcanzado con Tenochtitlán, pues en su discurso el imperio tenochca había llegado a su máximo esplendor. Observo pues que la enseñanza del proceso de conquista y el virreinato, por lo menos en el caso mexicano, en la educación básica, media básica y media superior (primera, secundaria y bachillerato), está íntimamente interrelacionada con la visión del periodo precolombino fuertemente idealizado. Cabe señalar que lo que más se enseña en las escuelas del período precortesiano es acerca del imperio tenochca, y se le ve como una sociedad que vivía en constante equilibrio con la naturaleza a través de la religión y cosmogónica particular. Sociedad que, acorde con la “historia de bronce”, alcanzó logros culturales significativos como la escritura que la posiciona entre las civilizaciones más destacadas del mundo. Indudablemente llama la atención la mezcla de trasfondos teóricos que dan pie a un discurso político sobre la historia novohispana.

Saludos,
Verenice Ramírez
México

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