La representación de la historia por Jesús Córdoba

En los últimos años, los espectadores hemos asistido a un paulatino proceso de representación histórica a través de series televisivas, películas, obras de teatro, etc. El más reciente de éstos intentos y que a su vez, ha generado amplia polémica por la forma cómo se muestra en la serie la trama americana, es la producción de TVE “Carlos, Rey Emperador”. Más allá de la cuestiones de historicidad, que es uno de los puntos centrales y no es desdeñable, pienso que también debe tenerse en cuenta ¿que estamos haciendo los historiadores desde la academia para precisamente, dejar de encerrar la historia en la academia? En la calle, día a día, los ciudadanos se encuentran con monumentos, plazas, parques y edificios históricos cuya importancia quizás pasa desapercibida para muchos de los transeúntes. Independientemente del uso de la historia en algunos casos para la creación de memoria e identidad nacional, es importante que ésta salga a la calle y llene diversos espacios. Claro, esto debe hacerse con el mayor rigor histórico posible. Pero el problema se presenta por la desconexión que existe, y que anotaba anteriormente, entre el común de los ciudadanos y las investigaciones históricas. Aunque muchas de las producciones televisivas o literarias en variadas ocasiones no respetan la historicidad de los eventos que narran, son interesantes las propuestas que realizan para lograr un acercamiento al común de la gente. Quizás su éxito no sólo radica en narrar lo que las personas quieren oír, como algunos afirman, sino en darle más trascendencia al drama personal de estas personalidades históricas. A veces solemos olvidar que aquellos que estudiamos, hayan muerto o no hace siglos, fueron personas como nosotros, con todas las subjetividades y contradicciones que ello implica.

Lo anterior tampoco pretende decir que los eventos históricos deben pasar a un segundo plano al igual que el respeto de la historicidad. Pero desvelar la intencionalidad subjetiva de los personajes es un gran éxito de las apropiaciones artísticas de la historia. Sin importar si estamos o no de acuerdo con la imagen “vendida” por el actor o director que reconstruyó al personaje histórico, es rescatable la dimensión interior que pretenden hacer florecer en estas producciones. Ya sostenía Eric Auerbach en Mímesis, que la diferencia radical entre los eventos históricos y los legendarios (literarios) es la enorme complejidad de los primeros, en contraste con la singularidad de los segundos. Cierto, los eventos históricos complejos no pueden narrarse cuidadosamente en este tipo de producciones y es cuando se producen las licencias históricas. El problema para nosotros los historiadores viene dado cuando la historia se hace dentro de los claustros y las universidades. Quizás no pensamos que esto pueda interesar al vecino, o al señor de la tienda, pero en todo caso debería ser así, pues no se trata de algo extraño, sino más bien, de la historia de su ciudad, de su país, que no es desligable a su propia historia o la de su familia. Entonces, para evitar que algunas producciones continúen promocionando imaginarios erróneos sobre algunos eventos históricos, es importante también que atendamos a las necesidad imperativa de hacer salir la historia de su prisión y dársela a quienes de alguna u otra forma la hacen día a día.

Jesús Ricardo Córdoba

Estudiante de historia,

Universidad Nacional de Colombia.

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