Sobre la unidad cultural de los “muiscas” por Monika Therrien.

Monika Therrien

Fundación Erigaie, Bogotá

Hola Jorge,

Pues como desafortunadamente no pude asistir [al ciclo de conferencias sobre la Nueva Historia de la Conquista, en especial, la que trató sobre los “muiscas”, a cargo de Jorge Gamboa], ha sido para mi importante poder acceder a las grabaciones, que además están impecables.

Como siempre, estoy de acuerdo con esta propuesta de cuestionar las narrativas oficiales, desde las elites y la postura del dominante o la del “buen salvaje” para contar la historia. Sin embargo, no sé si entendí bien el planteamiento sobre la inexistencia de vínculos entre los numerosos grupos aborígenes que habitaban el altiplano, por no hablar de étnia (que por lo menos entiendo yo como un término políticamente correcto para referirse a su anterior versión “raza”), y si más bien lo que plantea es que incluso no había relación o comunicación sino enfrentamientos entre los habitantes de unas áreas y otras.

De todas maneras, son innegables las evidencias arqueológicas, no necesariamente sus interpretaciones o ausencia de ellas, en tanto representan prácticas del día a día cuya semejanza resalta a la vista de cualquiera, arqueólogo o no. Entre otras menciono toda la alfarería producida hace un milenio y hasta la conquista, desde un punto de vista tecnológico, funcional y estilístico. Es decir, artesanos que de alguna manera estaban transmitiendo su oficio: tanto las maneras de hacer como las necesidades y los significados embebidos en los tamaños, colores, motivos decorativos, y que satisfacían la demanda en sus propios asentamientos pero también aquella de los lugares donde no se producía pero si se apreciaba, porque allí igualmente cumplían con los usos domésticos o rituales. Así podrían agregarse los ejemplos sobre los orfebres y la elaboración de tunjos, por ejemplo, cuya explicación está bien fundamentada a partir de la investigación y exposición que montó el Museo del Oro (historia de ofrendas muiscas) recientemente, o los patrones de enterramiento, la ubicuidad de su arquitectura de bohíos y cercados, las culebras, ranas, los volantes de huso para el hilado, etc., etc.

Claro, ello no obsta, como parecen indicarlo por otro lado los análisis de ADN, que quizás por la posible práctica de la exogamia, mantener diferencias “dialectales” era imperativo… en un proceso más complejo, y aparentemente intermediado por los nacionalismos. Esto aún se observa entre los “escandinavos”, quienes alegan no poderse entender entre unos y otros, pero para el de afuera, no es tan difícil captar lo que están diciendo unos y otros, a pesar de las variaciones. Es indudable que de todas maneras comparten una lengua de base y con ella una manera de expresarse respecto al mundo y su percepción de este (se observa claramente en la construcción de las palabras, por ejemplo)… claro hay casos más cercanos y a propósito, como los observados por Maria Clemencia Ramirez y su equipo, los cuales quedaron plasmados en el “Atlas cultural del Amazonas”.

Por otro lado, y siguiendo con mi preocupación frente a esas similitudes en la cultura material, habría entonces explicaciones alternativas más contundentes que bajo estas perspectivas podrían analizarse y cuestionar sus consecuencias. Están, por ejemplo, aquellas que dan en parte la razón a las teorías fundamentadas en el marxismo/capitalismo, con las cuales se sustenta que posiblemente estos pobladores se desconocieran, se confrontaran, no tuvieran vínculos entre sí, pero la especialización en la producción y el intercambio de bienes habrían sido tan intensas que lograron homogeneizar los objetos utilitarios y rituales, más no erosionar las diferencias entre los grupos (aunque quedarían por explicar los entierros, bohíos y otros). Ahora bien, desde la arqueología, este componente económico/teórico sería realmente el que estaría fundamentando una delimitación territorial y “étnica” inexistente (?).

¿O habría otras alternativas desde las cuales se podría explicar estos vestigios? ¡Me interesaría el reto, la verdad!

En fin, otra vez con mensajes largos e intensos, ¡pero no me podía abstener!

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