Difusión de la Convocatoria ICANH 2016

Estímulos ICANH 2016

Participe en la Convocatoria de Fomento a la Investigación 2016

Participe en la Convocatoria de Fomento a la Investigación 2016

29 de febrero de 2016

Consulte aquí requisitos, condiciones, modalidades, líneas de investigación, procedimientos, documentación, cronograma y consideraciones especiales. Para mayor información, comunicarse al correo: convocatorias@icanh.gov.co

Plazo máximo de radicación de proyectos: Viernes 18 de marzo de 2016 4:00 p.m.

En el siguiente enlace se puede consultar el documento PDF de la convocatoria

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Mensaje de la profesora Soledad González Díaz.

Estimadas y estimados amigos:
Esta vez soy yo misma quien les escribe para despedir a uno de los miembros de nuestra lista: Teodoro Hampe Martínez quien, como ya algunos de ustedes sabrán, falleció recientemente en Lima, Perú.
Esta despedida es también un gracias, en la medida en que muchos colegas forman parte de esta lista porque -precisamente- fue él quien la promovió entre sus amigos y alumnos de Perú. Su apoyo entusiasta, de alguna manera, seguirá presente entre nosotros.
La última vez que vimos a Teodoro acá en Santiago fue en agosto del año pasado, cuando vino a participar en la IV Jornada de Estudios Clásicos organizada por la Pontificia Universidad Católica de Chile. A pesar de su nutrida agenda, pasó a visitarnos al seminario sobre el Manuscrito de Huarochirí que, en forma paralela, se estaba desarrollando en la Universidad de Chile. Fue un encuentro grato y sorpresivo, puesto que no había confirmado su asistencia. A pesar de lo poco que alcanzamos a compartir, dejamos en vista algunos proyectos y quedó pendiente otra visita, además de un café en Providencia, Santiago. Quienes lo vimos aquel día lo recordaremos así, en la sorpresa y alegría de este último encuentro.
Santiago de Chile, 14 de febrero de 2016
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Sobre la unidad cultural de los “muiscas” por Monika Therrien.

Monika Therrien

Fundación Erigaie, Bogotá

Hola Jorge,

Pues como desafortunadamente no pude asistir [al ciclo de conferencias sobre la Nueva Historia de la Conquista, en especial, la que trató sobre los “muiscas”, a cargo de Jorge Gamboa], ha sido para mi importante poder acceder a las grabaciones, que además están impecables.

Como siempre, estoy de acuerdo con esta propuesta de cuestionar las narrativas oficiales, desde las elites y la postura del dominante o la del “buen salvaje” para contar la historia. Sin embargo, no sé si entendí bien el planteamiento sobre la inexistencia de vínculos entre los numerosos grupos aborígenes que habitaban el altiplano, por no hablar de étnia (que por lo menos entiendo yo como un término políticamente correcto para referirse a su anterior versión “raza”), y si más bien lo que plantea es que incluso no había relación o comunicación sino enfrentamientos entre los habitantes de unas áreas y otras.

De todas maneras, son innegables las evidencias arqueológicas, no necesariamente sus interpretaciones o ausencia de ellas, en tanto representan prácticas del día a día cuya semejanza resalta a la vista de cualquiera, arqueólogo o no. Entre otras menciono toda la alfarería producida hace un milenio y hasta la conquista, desde un punto de vista tecnológico, funcional y estilístico. Es decir, artesanos que de alguna manera estaban transmitiendo su oficio: tanto las maneras de hacer como las necesidades y los significados embebidos en los tamaños, colores, motivos decorativos, y que satisfacían la demanda en sus propios asentamientos pero también aquella de los lugares donde no se producía pero si se apreciaba, porque allí igualmente cumplían con los usos domésticos o rituales. Así podrían agregarse los ejemplos sobre los orfebres y la elaboración de tunjos, por ejemplo, cuya explicación está bien fundamentada a partir de la investigación y exposición que montó el Museo del Oro (historia de ofrendas muiscas) recientemente, o los patrones de enterramiento, la ubicuidad de su arquitectura de bohíos y cercados, las culebras, ranas, los volantes de huso para el hilado, etc., etc.

Claro, ello no obsta, como parecen indicarlo por otro lado los análisis de ADN, que quizás por la posible práctica de la exogamia, mantener diferencias “dialectales” era imperativo… en un proceso más complejo, y aparentemente intermediado por los nacionalismos. Esto aún se observa entre los “escandinavos”, quienes alegan no poderse entender entre unos y otros, pero para el de afuera, no es tan difícil captar lo que están diciendo unos y otros, a pesar de las variaciones. Es indudable que de todas maneras comparten una lengua de base y con ella una manera de expresarse respecto al mundo y su percepción de este (se observa claramente en la construcción de las palabras, por ejemplo)… claro hay casos más cercanos y a propósito, como los observados por Maria Clemencia Ramirez y su equipo, los cuales quedaron plasmados en el “Atlas cultural del Amazonas”.

Por otro lado, y siguiendo con mi preocupación frente a esas similitudes en la cultura material, habría entonces explicaciones alternativas más contundentes que bajo estas perspectivas podrían analizarse y cuestionar sus consecuencias. Están, por ejemplo, aquellas que dan en parte la razón a las teorías fundamentadas en el marxismo/capitalismo, con las cuales se sustenta que posiblemente estos pobladores se desconocieran, se confrontaran, no tuvieran vínculos entre sí, pero la especialización en la producción y el intercambio de bienes habrían sido tan intensas que lograron homogeneizar los objetos utilitarios y rituales, más no erosionar las diferencias entre los grupos (aunque quedarían por explicar los entierros, bohíos y otros). Ahora bien, desde la arqueología, este componente económico/teórico sería realmente el que estaría fundamentando una delimitación territorial y “étnica” inexistente (?).

¿O habría otras alternativas desde las cuales se podría explicar estos vestigios? ¡Me interesaría el reto, la verdad!

En fin, otra vez con mensajes largos e intensos, ¡pero no me podía abstener!

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Respuesta de Jorge Gamboa

Hola Monika:

Me alegra mucho recibir sus comentarios, ya que me da la oportunidad de aclarar todos estos puntos y debatir con alguien cuya opinión respeto mucho. A propósito, deberíamos crear un espacio para debatir estas cosas, ya sea en un seminario, mesa redonda, por Internet, etc.

La propuesta que vengo haciendo desde hace un tiempo no consiste en afirmar la ausencia de vínculos entre los grupos indígenas que poblaron el altiplano cundiboyacense. Lo que digo, concretamente, es que no había una unidad lingüística ni una unidad política. Creo que en realidad no es una afirmación nueva. Ya muchos la habían hecho. Así que no estoy diciendo que sea una idea que a nadie se le hubiera ocurrido antes o algo por el estilo. Lo que me ha llamado la atención es que, aunque muchos investigadores tienen esto claro, inconscientemente siguen pensando en esa homogeneidad, al considerar que toda el área fue una especie de área cultural homogénea. Esto se expresa en el uso que se da del etnónimo “muisca”, que genera esa imagen de unidad. Seguimos hablando de “los muiscas” como si fuera un conjunto de gente unida por una identidad cultural común. Mi tesis es que los españoles les pusieron ese nombre de modo muy vago y genérico a un conjunto de sociedades que a sus ojos eran similares, pero que en realidad, vistas desde ellos mismos, no lo eran. Es más o menos como lo que nos pasa con respecto a los “turcos” o los “chinos”. En mi pueblo, llamaban turcos a todos los comerciantes de ropa árabes que venían de varios países, que nada tenían que ver con los turcos. Incluso muchos eran cristianos libaneses. Y con los chinos pasaba igual. Eran en realidad japoneses, coreanos y vietnamitas.

Pruebas sobre lo que digo, en el campo lingüístico y politico hay muchas. Todos los lingüistas (María Stella González, Diego Gómez, Facundo Saravia, etc.) coinciden en que no era una lengua sino varias y que el intento por unificar lingüísticamente fue algo que hicieron los frailes coloniales, pero fracasaron. Y en cuanto a la falta de unidad política, lo que yo hago es plantear que había más cacicazgos independientes de los que se pensaba (por ejemplo Guatavita, Sogamoso, Duitama, etc., no estaban sujetos al zipa o al cacique de Tunja, sino que eran independientes).

Yo creo que había intensos contactos entre todos estos grupos desde hace milenios. Comerciaban, hacían la guerra, tenían relaciones de parentesco, compartían formas de producción, etc. El problema para mi es la unidad política y cultural. Y en esto último es donde es más confuso, porque depende incluso del concepto de “cultura” que uno maneje. Para mí no es una serie de rasgos que puedan enumerarse, sino algo más complejo, difuso, donde es difícil trazar una línea y delimitar claramente sus contornos, ¿qué era lo “muisca”? ¿una lengua? ¿unas creencias? ¿unas costumbres? ¿unos estilos cerámicos? Lo que yo propongo es que aquí pasaba algo similar a lo de la Europa medieval. Había una cierta “unidad” en términos de ciertos códigos culturales comunes: lenguas de un origen más o menos cercano al latín, una religión como la católica, el islam y las religiones nórdicas, unos estilos arquitectónicos que derivaban de modelos griegos y latinos, con lo cual un observador externo podría pensar que eran “europeos”, pero en realidad eran vikingos, andaluces musulmanes, napolitanos, francos, con costumbres que a cierto nivel podían ser parecidas, pero en otros eran muy distintas. A un chino le podrían parecer diferencias insignificantes, pero un sajón podría sentirse insultado si lo comparaban con un musulmán de Al-Andalús, aunque en ambos lugares se construyera siguiendo patrones romanos o se hablaran lenguas emparentadas con el latín.

Tal vez con esto queda más claro el argumento. Los “muiscas” son una creación del proceso de conquista y una “invención” de los españoles, en el sentido de que le pusieron ese nombre a unos grupos que les parecieron muy similares y habitaban un área geográfica similar, pero que no se reconocían a si mismos como iguales. La identidad (si es que ese concepto se puede todavía aplicar a algo) era limitada a su “pueblo” o cacicazgo o valle, pero no iba más allá. La consciencia de pertenecer a un grupo unificado surgió después, y fue fruto del régimen colonial, que le dio un trato similar y los metió a todos en el mismo saco.

Hasta pronto y seguimos conversando.

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Ciclo de Conferencias de Matthew Restall 2015 disponible en video: La Nueva Historia de la Conquista por Jorge Gamboa

Apreciados colegas, estudiantes y amigos:

El Grupo de Historia Colonial del Instituto Colombiano de Antropología e Historia se complace en anunciar que ya están a su disposición las conferencias dictadas por Matthew Restall en el marco del Ciclo de Conferencias 2015, titulado “La Nueva Historia de la Conquista y sus implicaciones para Colombia y el resto de las Américas” en la ciudad de Bogotá, los pasados 17 y 18 de septiembre. A continuación me permito hacer una presentación de lo que fue cada una de las conferencias y se indica el link donde pueden verlas. Toda la información se encuentra también en el siguiente enlace:  http://bit.ly/1XMFLng

En la segunda sesión también se presentó una conferencia de Jorge Gamboa,titulada “La conquista española y los procesos de creación colonial de identidades étnicas: el caso de los grupos llamados “muiscas” del Nuevo Reino de Granada en el siglo XVI”, como complemento para el cierre del evento.

Todas las conferencias fueron grabadas en vivo y contienen también la discusión posterior con el público asistente. Espero que sea de su interés y agradezco que nos ayuden a difundir este mensaje.

Atentamente,

Jorge Gamboa

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Créditos de la imagen: Lienzo de Tlaxcala [1552, copia de 1773]. Biblioteca Nacional de Antropología e Historia, México. Lámina 79.

Ciclo de conferencias 2015
La Nueva Historia de la Conquista y sus implicaciones para Colombia y el resto de las Américas

Presentación general

Nuestra comprensión y las percepciones sobre el periodo de la Conquista en la historia de América Latina han sido profundamente alterados por el trabajo académico de los últimos veinte años. La narrativa triunfalista tradicional de la Conquista española estaba fuertemente orientada hacia los conquistadores de México y Perú y hacía énfasis en la inevitabilidad y la rapidez de la victoria militar, la conversión religiosa (la conquista espiritual) y la colonización. La Nueva Historia de la Conquista, propuesta revisionista que surgió en parte desde un énfasis renovado por el trabajo de archivo y paleografía y en parte desde la Nueva Filología, una escuela de investigación basada en el análisis de fuentes primarias del periodo colonial en lenguas indígenas mesoamericanas, complicó esta narrativa al hacer énfasis en los múltiples protagonistas y relatos, las nuevas fuentes, el papel que desempeñaron y las interpretaciones de los indígenas, los negros y las mujeres, así como el análisis de regiones poco estudiadas de las Américas. Las conferencias que presenta el ICANH, a cargo de uno de los principales representantes de esta escuela, tienen el propósito de dar a conocer estas propuestas en Colombia para someterlas al debate de los académicos y el público en general.

Programación de las sesiones

Primera sesión: jueves, 17 de septiembre, 1 a 3 p. m. Link: youtu.be/sd0asdawD3g

Cómo poner al revés una narrativa de 500 años: el caso de Cortés y Moctezuma

Todo el mundo conoce la historia de la conquista de México. Su narrativa fue establecida poco después de que el imperio de la Triple Alianza (o “azteca”) fuera derrotado y se ha mantenido más o menos inalterada durante cinco siglos. Pero, ¿qué ocurre con este relato si tomamos su piedra angular —la rendición de Moctezuma frente a Cortés— el día en que se encuentran por primera vez y la quitamos? ¿Cómo es que esto nos puede ayudar a ver de otro modo ese día específico, la conquista de México y la historia de las conquistas en todas las Américas? Esta conferencia propone que la narración que conocemos está radicalmente equivocada, que la famosa historia “verdadera”, escrita por Bernal Díaz, es en realidad una invención. La presentación es un anticipo del próximo libro de profesor Restall, titulado The Meeting (El encuentro).

Segunda sesión: viernes, 18 de septiembre, 4 a 6 p. m. Link:  youtu.be/k7JFFGn5IVA

Cómo convertir a los vencidos en vencedores: los casos de Yucatán y Guatemala, y las implicaciones para Colombia y el resto de las Américas

Siempre esperamos que los relatos de las conquistas españolas en el siglo XVI tengan narraciones escalofriantes de traición y pérdida, y de hecho hay muchos de estos testimonios. Pero en las últimas décadas, los historiadores que investigan las invasiones de México y América Central han ido descubriendo más y más relatos indígenas (a menudo escritos en sus propias lenguas) que presentan a los líderes y guerreros nativos como vencedores, no como vencidos, como conquistadores en sí mismos y, a veces, incluso como los verdaderos conquistadores. Esta conferencia utiliza los casos de Yucatán y Guatemala para explicar cómo este fenómeno se inserta dentro de un movimiento historiográfico reciente que se denomina La Nueva Historia de la Conquista y muestra cómo ha empezado a cambiar la manera en que vemos la conquista de otras regiones de las Américas, incluyendo la de Colombia.

La conquista española y los procesos de creación colonial de identidades étnicas: el caso de los grupos llamados “muiscas” del Nuevo Reino de Granada en el siglo XVI, por Jorge Gamboa.

La conferencia es un repaso sobre el proceso de conquista del altiplano cundiboyacense en la actual República de Colombia, cuya tesis principal es que esta región estaba habitada en la primera mitad del siglo XVI por una serie de grupos muy heterogéneos, que los españoles denominaron “moscas” y los investigadores contemporáneos “chibchas” o “muiscas”, pero que en realidad no constituían un solo grupo étnico ni tenían una unidad política o cultural. De este modo, los “muiscas” son un grupo que nunca existió antes de la llegada de los europeos y es el resultado del proceso de conquista.

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La transición como reconciliación simbólica por Enrique Gomáriz.

A raíz de mi comentario sobre el lenguaje simbólico del mensaje navideño del Rey, varios allegados me han planteado una interrogante que creo de interés general. Recordarán que en aquel comentario yo afirmaba que el Rey había elegido, a mi juicio innecesariamente, una de las posibles sensibilidades simbólicas: la de quienes consideran que la defensa de la unidad de España implica asumir su dinámica histórica completa, desde el siglo XVI en adelante (que incluye la de quienes se sienten orgullosos de tal historia), y la de quienes consideran que se puede defender la unidad de España rompiendo con los elementos de esa historia que nos parecen rechazables (orgullo imperial, centralismo, militarismo, monarquía absoluta, etc.); es decir, impulsando una nueva españolidad superadora de la rancia tradicional.

Pues bien, la pregunta que se me hace es si resultaría posible un pacto o, más aun, una reconciliación entre esas diferentes ideas de España. Y mi respuesta inmediata es rotundamente positiva. En realidad, esa reconciliación ya fue hecha: ¿Qué otra cosa fue si no la transición democrática? Cuando se habla de la reconciliación sucedida en los años setenta entre los herederos de los dos bandos de la guerra civil, se está incluyendo precisamente un pacto simbólico. Es decir, se está aceptando que ambas visiones de España tienen el derecho de manifestarse y que ello no pone en cuestión la convivencia entre españoles. Es precisamente esa reconciliación lo que permite iniciar una nueva etapa democrática en la historia de España. Significa que yo debo respetar a quienes asumen toda la historia de España, desde el Imperio a nuestros días, y que ellos deben respetar que yo rechace la vieja dinámica histórica y quiera iniciar una nueva que supere los aspectos de una tradición de la que no me enorgullezco.

Y es precisamente de esa reconciliación, de ese pacto, de lo que sí me siento inequivocamente orgulloso. La transición no fue perfecta, desde luego, (no hay nada ni nadie perfecto en este mundo), pero creo firmemente que fue una de las mejores cosas que hemos conseguido en términos colectivos. Por eso ha sido modelo para muchas latitudes, especialmente para América Latina y Europa del Este. Y por eso me parece una traición deshonrosa a ese pacto constitucional el independentismo de algunos sectores en Cataluña, entre otras razones porque fueron precisamente los catalanes quienes más lo impulsaron y lo votaron masivamente.

¿Y, en este contexto, cuál ha de ser la posición de la Corona? Pues mi juicio es que debe responder irrestrictamente a ese pacto, a esa reconciliación. El Rey debe entender que encabeza un régimen que nació no sólo como una alternativa al de Franco (como quedó ya demostrado), sino que también está pensado como una alternativa a la rancia monarquía absoluta del pasado. Dicho a la inversa, no debe tomar posición –si quiere ser el Rey de todos los españoles- en el debate todavía vigente sobre la aceptación o no de toda la dinámica histórica de la vieja España. Y en su mensaje navideño se expresó simbólicamente a favor de la defensa y el orgullo de esa dinámica histórica, desde el Imperio hasta hoy. Estoy convencido de que cada vez que dé un paso en esa dirección, estará poniendo un obstáculo a la unidad y la convivencia entre todos los españoles. No digo nada nuevo si recuerdo que el lenguaje simbólico cimenta la entidad idiosincrática, es decir, pertenece al ámbito de los sentimientos identitarios. Por eso no puede resultar nada extraño que, comentando el mensaje real, un periódico catalán diga en portada “El Rey se enroca” o que varios dirigentes vascos acusen al Rey de “tratar de imponer un determinado sentimiento de españolidad”.

En otras palabras, se puede defender la actual monarquía parlamentaria, fruto del pacto democrático de la transición, sin necesidad de tener que asumir toda la historia de la monarquía absoluta en nuestro país. No creo ser el único que entiende el régimen actual como superador de esa historia monárquica que rechazamos. Entre otras razones, porque sabemos que asumir esa perspectiva imperial, luego decadente, sólo porque tuvo lugar en España, nos conduce a aquel grito de aceptación, no por popular menos miserable, de ¡Vivan las caenas!, (porque son españolas). Y eso de ninguna manera. Se puede defender la unidad de España y nuestro actual régimen político, frutos de un acto democrático, sin necesidad de abandonar nuestro deseo de que esta vez la democracia supere definitivamente una historia poco ejemplar al respecto. Y la Corona debería ser plenamente consciente de ello y actuar con todo cuidado para mantener el respeto hacia ese pacto de sensibilidades.

Texto publicado originalmente en: Diario Crítico de Madrid

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El órdago simbólico del Rey Felipe por Entique Gomáriz.

Enrique Gomáriz Moraga

Existe consenso hoy en España acerca de que el mensaje navideño del Rey Felipe VI ha sido acentuadamente prudente. Como dice un matutino al comentarlo, el monarca tenía dos opciones ante la situación compleja que atraviesa el país: intervenir en la política contingente poniendo a funcionar el papel de moderador que le otorga la Constitución, o bien mantenerse en un tono prudente haciendo un llamamiento a la concordia para reafirmar la convivencia pacífica entre todos los españoles. Y en concordancia con su estilo, eligió la segunda opción. Me parece correcta esa lectura si nos atenemos exclusivamente a su lenguaje verbal. Pero eso dista mucho de ser cierto si incluimos en su mensaje la dimensión simbólica.

Porque en el lenguaje de los símbolos, el Rey Felipe ha hecho todo lo contrario: ha lanzado un rotundo órdago ante la sociedad española. España, nos ha dicho, es un concepto que no admite fisuras espaciales ni temporales. Hay que aceptarlo de manera integral, con su pasado, su presente y su futuro. Pero sucede que eso introduce una carga tremenda en el imaginario colectivo actual.

Me explicaré de inmediato. Desde el siglo XIX, pero más netamente en el XX, existe un debate conceptual y simbólico sobre la idea de España. Para unos hay que aceptar que España es la resultante de una dinámica histórica con luces y sombras, de la que no hay que avergonzarse para proyectarse al futuro. Desde luego, entre ellos hay también quienes se sienten orgullosos de esa dinámica histórica, que llega desde el Imperio hasta nuestros días. Pero ha habido muchos otros que optaron –y optan- por la posición opuesta: se hace necesaria una ruptura explícita de esa dinámica histórica, para impulsar una nueva España, que rompa de una vez con la vieja y atávica España. Por eso, en su momento, hubo que cambiar los símbolos: bandera, himno, hasta de régimen político. Perdonen, pero siendo hijo de un oficial republicano, perdedor de una guerra por defender esa ruptura, no puedo dejar de ser sensible ante esta disyuntiva conceptual.

La cuestión es que el mensaje navideño del Rey, tanto por su escenificación (el Palacio Real), como por algunas de sus expresiones verbales explícitas, apuesta por haber superado ese debate, pero siempre desde la primera opción: la de quienes aceptan la expresión histórica de España, al menos desde Isabel y Fernando hasta la actualidad, para proyectarnos hacia el futuro. ¿Era necesario hacerlo así?

Haciendo un paralelismo, el Rey tenía al respecto dos opciones ante la compleja situación actual del país: emitir un mensaje bastante similar al que hizo, pero desde un despacho sencillo y moderno, ligero de símbolos, sin meterse en terrenos ontológicos y hablando principalmente de cara al futuro, o bien hacer un llamamiento a la unidad de España y a la convivencia entre los españoles desde la aceptación de una idea de España que sigue siendo rechazable para muchos. ¿Creen los asesores reales que la unidad de España se defiende mejor desde la aceptación de su entidad histórica como un todo, incluyendo la vieja España, imperial, centralista, burocrática, de monarquía absoluta? En otras palabras, ¿creen que la aspiración de impulsar una nueva España que rompa con un pasado que no acaba de gustar ya es algo demodé que ha desaparecido? Porque si la respuesta a estas preguntas es positiva, es que no entienden una de las razones principales de lo que está sucediendo en Cataluña.

Desde luego soy consciente de que este es un asunto –hasta qué grado asumir la tradición histórica- de gran calado en la teoría política. En algunos países, Inglaterra sin ir más lejos, sería imposible entender el funcionamiento del sistema político actual, sin captar la aceptación y el orgullo de la mayoría de los británicos acerca de su pasado histórico, incluyendo por supuesto su largo período imperial. Pero no me cabe la menor duda de que ese no es el caso de otros países y desde luego no lo es en España.

De todos modos, la interrogante sigue en pie: ¿era necesario defender hoy la unidad de España introduciendo esa toma de postura simbólica? Sinceramente, no estoy seguro. Desde luego, esa asunción ontológica habrá reafirmado la conciencia idiosincrática de muchos españoles y españolas, pero, muy al contrario de lo que se pretendía, ha debido confirmar las razones del rechazo a la idea tradicional de España que tienen muchos nacionalistas y aún republicanos. Entiéndase bien, no estoy haciendo un ataque a la monarquía parlamentaria, que me parece un buen régimen político para compensar los defectos de la cultura política española, tan de banderías. Pero creo que no era este el momento oportuno para un órdago simbólico, como el que ha hecho el Rey Felipe en su mensaje navideño. Los expertos en comunicación saben que, para que el mensaje sea adecuado, deben cuidarse no sólo la intervención verbal sino su expresión simbólica. El medio es el mensaje, dijo McLuhan. De nuevo, caben dos opciones: que la Casa Real no fuera muy consciente del asunto o que efectivamente quisiera lanzar un órdago en toda regla. Y ninguna de las dos opciones me parece prudente, más bien me parecen bastante arriesgadas.

Texto publicado originalmente en: Diario Crítico de Madrid

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